Invertir energía no es lo mismo que gastarla.
- Kassandra Duran
- 1 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 28 ene
Cero por un millón sigue siendo cero. No pongas tu energía donde no recibes nada.
Da lo mismo cuánto te esfuerces, cuánto intentes, cuánta energía pongas. Si el lugar donde estás invirtiendo no aporta, el resultado sigue siendo el mismo: cero.
Y esto no es una frase bonita. Es una realidad que muchas veces no queremos aceptar.
No te falta tiempo, te falta de energía
Cuando las personas hablan de por qué no avanzan hacia sus objetivos, casi siempre aparece el mismo argumento: “no me alcanza el tiempo” "le faltan horas al día". Pero la mayoría de las veces, tiempo sí hay. Lo que no hay es energía.
Energía mental para decidir. Energía emocional para sostener procesos. Energía física para accionar.
Y esto no pasa por casualidad si no por causalidad.
El problema no es ayudar. El problema es cuándo tu ayuda se multiplica por cero una y otra vez.
Puedes poner energía, conocimiento, motivación, acompañamiento, mentoría. Puedes estar disponible, presente, comprometida. Pero si la otra parte no pone nada, si no hay intención, acción o responsabilidad del otro lado, todo eso que entregas se multiplica por cero.
Y lo único que vuelve a ti es cero. Por eso, si el costo de ayudar a alguien es tu propio bienestar, estás pagando un costo demasiado alto.
Qué es una fuga de energía (y por qué te aleja de tus metas)
Las fugas son una perdida de tu vitalidad. No siempre se nota de inmediato. De hecho, muchas veces está tan automatizada que pasa desapercibida. Ocurre cuando empiezas a gastar grandes cantidades de tu energía mental, física o emocional en lugares que no la aumentan. Se producen por diferentes causas, como decir sí cuando no quieres, vivir preocupada, habitar lugres desordenados, relaciones tóxicas, búsqueda constante de validación, entre muchas otras.
Cuando hay una fuga, ya no invertimos nuestra energía, la gastamos o incluso, la derrochamos. . Por ejemplo, hacer ejercicio es una inversión, debido a que puede cansarte físicamente, pero luego te devuelve más energía de la que gastaste.
Una fuga, en cambio, es un gasto, solo consume. No multiplica. No devuelve. No expande. Puede ser:
un vínculo
un hábito
una forma de pensar
una dinámica laboral
una conversación constante contigo misma
Y aunque no lo notes conscientemente, tu cuerpo y tu mente sí lo hacen.
¿Cómo se manifiestan las fugas de energía?
Las señales suelen aparecer principalmente en dos lugares: el cuerpo y la mente.
En el cuerpo, puedes sentir desgano, cansancio, o una sensación de que tu cuerpo completo está desgastado. El cuerpo muchas veces avisa antes que la cabeza.
En la mente. Por ejemplo, pensar mucho y hacer poco. Dar vueltas constantes a los mismos temas. Sentirte bien y después de una conversación o pensamiento, notar un cambio inmediato en tu ánimo o en tu foco.
Y avanzar hacia metas con fugas de energía es extremadamente difícil.
Metas y energía: una relación directa
No puedes construir objetivos sostenibles si tu energía se está yendo por lugares donde se multiplica por cero. No importa cuán clara sea tu meta. No importa cuánto sepas. No importa cuántas herramientas tengas. Si sigues gastando energía en vez de invertirla, el avance en algún momento frenará.
Preguntas para observarte (y hacerte cargo)
Para cerrar, te dejo algunas preguntas. No para responderlas rápido, sino para mirarte con honestidad:
Si tuvieras que pensar en esa persona que más te roba energía, ¿quién sería? Puedes identificarla al pensar en las conversaciones que, al terminar, te dejan más cansada, estresada o agobiada.
¿Qué pensamientos, hábitos o conversaciones contigo misma sientes que te dejan más cansada y drenada de energía?
Si tuvieras que ser honesta contigo, cuál es el lugar donde sigues invirtiendo energía sabiendo que ahí se multiplica por cero, y que por lo tanto es solo un gasto y no una inversión?
¿Qué pasaría con tus metas si comenzaras a invertir tu energía, en lugar de gastarla?
Un ejercicio que siempre hacemos con la escuela de mujeres con metas, es hacer una lista, lo más completa posible, con todas aquellas cosas que gastan nuestra energía y otra lista con todo aquello, que nos permite invertir energía y aumentarla.
Para eso, piensa en hábitos, conversaciones, pensamientos, creencias, personas, situaciones, contextos, decisiones, entre otras cosas y comienza a identificar lo que disminuye y lo que aumenta tu energía. En base a todo esto, toma decisiones distintas y verás un cambio fundamental en tus metas.
Recuerda: Invertir energía no es lo mismo que gastarla.Y aprender a distinguir esa diferencia puede cambiar por completo el camino hacia tus objetivos.








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