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La única persona capaz de salvarte es esa versión tuya que está cansada de que se repita la misma situación.

Actualizado: 28 ene



Hay momentos en la vida en que todo parece volver al mismo punto. Metas que no se cumplen. Frustración por no lograr lo que quieres. Dificultades económicas que se repiten.Vivir en un lugar donde no quieres vivir.Ver tu cuerpo, tu negocio o tu realidad y sentir que no es lo que esperabas.

No porque no lo intentes. Sino porque el patrón se repite, parece ser que estás en un círculo vicioso, del que no puedes salir.

Y en ese punto aparece una verdad incómoda, pero necesaria: la única persona capaz de salvarte es esa versión tuya que ya está cansada de que todo siga igual.


Hay cosas que nadie puede hacer por ti. Nadie puede levantarse temprano por ti. Nadie puede vivir la incomodidad de empezar por ti. Nadie puede hacer ejercicio por ti, tomar agua por ti o alimentarse mejor por ti. Nadie va a esforzarse por tu negocio más de lo que tú misma lo hagas.

Puedes tener apoyo, herramientas, mentores, inspiración. Pero hay acciones, las más importantes, que no son delegables.

Y cuando esas acciones no ocurren, las consecuencias tampoco se pueden evitar.


El primer paso para salir de este círculo es tomar conciencia del COI, que hace referencia al costo de la inacción. Para esto debes mirar con honestidad, todo lo que has perdido por no actuar, todo lo que podrías haber ganado y todo lo que seguirá igual en tu vida si no cambias las decisiones que tomas.

Ahí la frustración se vuelve inevitable.


La diferencia no está en sentirla o no. Está en qué haces con ella.


Dos formas de usar la frustración

Cuando una persona se siente frustrada por no conseguir sus objetivos, hay mínimo dos caminos. Por un lado utilizarla como justificación, y esto permite encontras excusas de porqué no alcanza sus metas. El resultado de esto, es que se vuelven reactivas frente a la vida. Sienten que no tienen poder para cambiar su realidad. Empiezan el año con objetivos que, en el fondo, ya saben que no se cumplirán. Con el tiempo aparecen el resentimiento, la envidia y la sensación de injusticia:“¿por qué otros sí y yo no?”

Por otro lado, están quienes usan la frustración como motor de acción. No porque sea fácil, sino porque están hartas de seguir en el mismo lugar. Son personas que toman una decisión consciente: ya no más.Dejan de justificarse. Se mentalizan para la incomodidad. Se empoderan porque entienden que su destino depende, en gran parte, de ellas mismas. Y por eso, objetivamente, tienen muchas más probabilidades de lograr sus metas.

La pregunta relevante para ti en este momento, es ¿cómo estás utilizando la frustración?


Visión y antivisión: dos caras de la conciencia.

En enero se habla mucho de vision boards, tableros de visión, metas soñadas.Y sí, son herramientas valiosas, que yo utilizo a modo personal y también con las participantes de la escuela de mujeres con metas. Pero hay una herramienta que casi nadie quiere mirar: el tablero de la antivisión.


La antivisión es todo eso que no quieres en tu vida:

  • deudas que se acumulan

  • exceso de peso

  • relaciones tóxicas

  • emprendimientos que no venden

  • vivir atrapada en una realidad que no quieres


La antivisión no es para asustarte. Es para hacerte consciente. Porque si no cambias tus decisiones, hábitos y conversaciones internas, eso que no quieres es exactamente lo que vas a tener.


No se trata de hacer todo de una vez. El primer paso es tomar conciencia suficiente como para que la frustración deje de anestesiarte y empiece a movilizarte. Para esto es necesario ver con claridad, qué no quieres seguir viviendo, qué estás evitando cambiar y qué decisión debes dejar de postergar.


Ahí aparece la versión de ti que no espera ser salvada. La que se hace cargo.


Para cerrar, una pregunta honesta

Si nada cambiara en los próximos 12 meses, si siguieras tomando las mismas decisiones que hoy, ¿tu vida se parecería más a tu visión o a tu antivisión?

La respuesta no es para juzgarte. Es para despertarte.


Porque la única persona capaz de salvarte no es la más motivada, ni la más inspirada, sino esa versión tuya que ya se cansó de repetir la misma historiay decide, por fin, escribir una distinta.

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