top of page

No tienes ninguna obligación de ser la misma del año pasado

Actualizado: 28 ene



Hay una expectativa silenciosa, pero muy fuerte de que las personas se mantengan iguales. Que no cambien demasiado. Que no incomoden. Que no “exageren”.

Por ejemplo, cuando alguien mejora sus hábitos, aparece el comentario:“Ay, estás muy estricta”,“un poco no te va a hacer mal”. Si dejan de tomar alcohol o de comer cosas poco saludables, se vuelve “exagerada”. Si empieza a ganar más dinero o a vivir mejor, el entorno lo resiente o no siempre lo celebra. Y cuando una mujer que antes decía que sí a todo empieza a poner límites, escucha:“Es que tú ya no eres la misma, te volviste egoista"

Y si bien, tienen razón al decir que no eres la misma, se equivocan al decir que eres egoista, solo por poner límites.


Cambiar incomoda porque rompe el equilibrio y el estatu quo

Cuando una persona cambia, el entorno también se ve forzado a reajustarse.Y eso incomoda.

No porque el cambio sea malo, sino porque cuestiona dinámicas que antes eran cómodas para otros.

A nivel interno, lo que se activa es un conflicto muy humano: identidad vs pertenencia.

El cerebro prioriza pertenecer. Por eso aparecen la culpa por estar mejor, el miedo a quedar fuera, el temor a quedarse sola o a hacer sentir mal a otros. No porque estés haciendo algo incorrecto, sino porque estás saliendo del lugar que te asignaron.


“Permíteme presentarme de nuevo”

Hay una frase muy potente, con la que me identifico constantemente y es de Oscar Wilde "Si usted me conoce basado en lo que yo era hace un año, usted ya no me conoce, mi evolución es constante, permítame presentarme de nuevo"


Y esa idea es profundamente sana.

Asumir que alguien debe seguir siendo igual es negar algo básico, las personas cambian porque viven, aprenden y se transforman.

Esto ya lo decía Heráclito, un filósofo griego, "nadie se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río es el mismo, ni la persona es la misma" El agua corre. El tiempo pasa. Las experiencias modifican.

Pretender que tú sigas siendo exactamente igual que el año pasado es tan absurdo como esperar que el río se detenga.

Cambiar no es traicionar ni traicionarte. Es responder a la vida que estás viviendo hoy, no a la de antes.

En esta misma línea, es importante entender que los otros también cambian, nadie se encuentra dos veces a la misma persona, porque cuando se vuelven a encontrar ni uno ni otro son los mismos. No esperes, que los demás actuen siempre igual, no te molestes si otro mejora, cambia o evoluciona. Mira a esa personas con ojos de admiración, para aprender e inspirarte a mejorar.

No creas que una persona que tuvo una mala actitud en un momento, la tendrá por siempre. Somos seres en evolución, por lo tanto te liberará aceptar que todos naturalmente cambiamos.


Las lealtades invisibles que frenan el crecimiento

Muchas veces no es solo el entorno externo.También hay lealtades internas que no vemos.

Lealtades familiares, culturales o emocionales que dicen cosas como:

  • “No puedo estar mejor que ellos”

  • “No puedo ganar más”

  • “No puedo vivir distinto”

No porque alguien lo diga explícitamente, (aunque a veces sí) sino porque crecer se siente, inconscientemente, como una traición. Reconocer esto no es juzgarte. Es entender por qué a veces cuesta tanto sostener el cambio.

No basta con cambiar hábitos. Para sostener una nueva versión, necesitas trabajar quién eres y quién quieres ser. Ahí entra el autoconocimiento: entender tus valores, tus límites, tus miedos y tus deseos reales, se trata de conocer tu identidad y de decidir reconstruirla.

Y junto con eso, desarrollar lo que podríamos llamar empoderamiento personal:

  • la capacidad de poner límites

  • la valentía para incomodar

  • la libertad de elegir distinto

  • la coherencia entre lo que quieres y lo que haces

No para demostrar nada a otros, sino para vivir en paz contigo. Cambiar no te obliga a explicar quién eras. No tienes ninguna obligación de ser la misma del año pasado. Ni de justificar tu crecimiento ni de quedarte pequeña para que otros se sientan cómodos. Cambiar no te hace ingrata ni egoísta.Te hace consciente, responsable y libre.

Y si a alguien le incomoda tu nueva versión, eso habla del ajuste que esa persona tiene que hacer, no del error que tú estás cometiendo.

Porque crecer no es traicionar tu historia. Es honrar lo que aprendiste de ella.

Comentarios


bottom of page