top of page

La vida que quieres está detrás de ese precio que no quieres pagar

Actualizado: hace 7 días


Toda vida distinta exige un precio. No siempre es dinero. Muchas veces es incomodidad, tiempo, energía, miedo, disciplina o renuncias.

El problema no es que no queramos algo mejor. El problema es que queremos el resultado sin pagar el costo que implica cambiar. Ese es mi caso, he tenido que cambiar mucho en mi para entender que todo resultado tiene un proceso antes.


El costo de la inacción

Cuando no pagas el precio de avanzar, igual pagas algo.

Pagas con:

  • Frustración acumulada

  • Sensación de estancamiento

  • Años que pasan sin cambios

  • Resentimiento contigo o con otros

  • Idea silenciosa de yo no puedo ni podré.


Este es el costo de la inacción. No aparece de golpe, es acumulativo. Y muchas veces termina siendo más caro que el precio original que evitaste.


Visión y antivisión: dos fuerzas que te mueven

Normalmente se habla mucho de la visión: la vida que quieres, cómo te gustaría sentirte, verte, vivir.

Eso es importante. Pero hay otra herramienta igual de poderosa y muchas veces más movilizadora: la antivisión.

La antivisión es todo aquello que no quieres seguir viviendo, pero que ocurrirá si no cambias nada:

  • Seguir endeudada

  • Seguir con hábitos que te enferman

  • Seguir en relaciones que te drenan

  • Seguir postergando tus metas

  • Seguir frustrada contigo misma


No hay nada que mueva más que una frustración bien consciente. No para castigarte, sino para despertarte.


Responde estas preguntas con honestidad:

  1. ¿Qué cosas de tu vida actual no quieres volver a vivir el próximo año?

  2. Si no cambias nada, ¿cómo se verá tu vida en 3 o 5 años?

  3. ¿Qué precio estás pagando hoy por no decidir?

  4. ¿Qué te duele más: intentar y fallar, o quedarte exactamente donde estás?


Estas preguntas no son cómodas, pero son clarificadoras.


No todo es posible, y eso también es parte de la madurez. No quiero ser como esas personas que te dicen que podrás lograr todo, hasta lo más loco, porque no quiero ser una vende humo.


Es importante decirlo: no todo se puede lograr en esta vida.


Existe una imposibilidad fáctica: límites reales del cuerpo, el tiempo o el contexto. Por ejemplo, un hombre de 45 años no puede iniciar una carrera profesional en el fútbol si todos comienzan de niños. Eso no es falta de mentalidad, es realidad.


Pero también existe otra imposibilidad, mucho más común y peligrosa:la imposibilidad simbólica, la que vive solo en las creencias:

  • “yo no soy así”

  • “no sirvo para eso”

  • “eso es para otros”

  • "nunca podré salir de deudas"


Ahí no hay un límite real. Hay una historia aprendida. Una narrativa que te limita.

Saber distinguir entre ambas es clave. No todo lo conseguiremos, pero sí gran parte de lo que realmente queremos, si no nos autoimponemos límites inexistentes.


Si no pagas el precio, muchas veces es porque la meta no es tuya

Este punto es incómodo, pero necesario. Cuando una meta no nos pertenece de verdad, cuando es una expectativa social, familiar o comparativa, el precio siempre parece demasiado alto o simplemente no se nos da la regalada gana pagar ese costo.

Por eso es tan importante definir qué quieres tú, no lo que “deberías querer”. Nadie quiere sostener un precio alto por una meta que no le hace sentido.


Ejercicio: el presupuesto real de tu meta

Así como haces un presupuesto de dinero, haz uno de costos reales de tus metas.


Elige una meta y respóndelo con claridad.

Ejemplo 1: Precio a pagar para bajar de peso

  • tiempo para cocinar o dinero para pagar comida saludable

  • tiempo para entrenar o constancia para moverte en casa

  • cambio de hábitos y mentalidad

  • posible apoyo profesional (nutrición, salud, entrenamiento)


Ejemplo 2: crear un negocio

  • tiempo para aprender de negocios

  • energía para crear productos o servicios

  • aprender ventas y marketing

  • exponerte al rechazo

  • invertir dinero o tiempo en formación



Define de forma concreta cual es el costo en dinero, tiempo, energía, esfuerzo emocional, entre otros.

Ahora pregúntate: ¿estoy dispuesta a pagar este precio? ¿prefiero este costo o el costo de seguir igual?


La vida que quieres no está lejos. Está justo al otro lado de ese precio que hoy estás evitando. La pregunta no es si hay un costo. La pregunta es cuál estás dispuesta a pagar.


 
 
 

Comentarios


bottom of page