Un gran futuro no necesita un pasado perfecto.
- Kassandra Duran
- 8 ene
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 ene
Hay algo que me repito constantemente después de haber vivido situaciones díficiles y es que "no quiero que mi pasado arruine más cosas"
En mi adolescencia viví distintos tipos de abuso y eso afectó muchas áreas de mi vida, por ejemplo, mi identidad, vinculos familiares, relaciones de pareja, entre otros.
Sentía que todo en mi vida estaba marcado y manchado por esas situaciones y que ya no podía hacer nada al respecto. Parecía, que no podría tener un gran futuro, porque ya habían arruinado mi pasado. Al mismo tiempo, miraba la vida de aquellos hombres que habían cometido esos abusos y se veía todo tan normal. Me parecía indignante, que yo, la víctima tuviera tantas consecuencias en mi vida por actos de ellos y que a su vez, no hubiesen consecuencias para los victimarios. Hasta que me cansé, y me dije: no permitiré que esto arruine algo más en mi vida, ya fue demasiado y ya no quiero darles pdoer de arruinar algo más. Y ojo, no todos tienen que pensar lo mismo, cada situación díficil, cada injusticia, cada tragedia, es vivida de forma distinta por las personas, pero yo contaré lo que a mi me sirvió, esperando que le sirva a alguien más.
Lo que quiero decirte es que, tal vez fue duro. Tal vez fue injusto. Tal vez hiciste lo mejor que pudiste con lo que tenías. Tal vez nunca debiste pasar por lo que pasaste. Nada de eso se niega acá. Al contrario, se valida. Pero también quiero decirte que hay una decisión, que debes tomar en algún punto de tu camino y es si permitirás que esa situación que ya afectó tu pasado y tu presente, también afecte tu futuro o no.
El pasado ya pasó, esa puerta esta cerrada, lo único que sigue abierto es qué vas a hacer tú con eso.
Muchas personas gastan una cantidad enorme de tiempo, energía y vida intentando cambiar algo que ya no existe, algo que ya pasó. Pensándolo una y otra vez. Imaginando qué habría sido distinto “si...”. El problema no es recordar, ni pensar, si no quedarse atrapada ahí.
Mientras tanto, lo que sí se puede cambiar, que es el futuro, queda postergado. No porque no se quiera, sino porque toda la energía está puesta en un lugar y tiempo equivocado.
El pasado no se puede reescribir, pero sí se puede reinterpretar. Y esa reinterpretación ocurre en el presente.
La historia que te cuentas hoy será el pasado de tu futuro
Aquí aparece algo clave: la narrativa interna.
No es solo lo que te pasó, sino la historia que te cuentas sobre eso:
Esto me marcó para siempre
Por esto soy así
Con este pasado no se puede más
Ya no lograré hacer lo que quiero
Si no me hubiera pasado esto ahí si todo sería distinto.
Esa historia no es neutra. Esa historia guía tus decisiones actuales.
Y lo que decides hoy se transforma, inevitablemente, en el pasado desde el que mirarás tu futuro.
Cambiar la historia no significa negar lo vivido. Significa decidir qué rol tendrá en lo que viene.
El pasado no es una condena, es información
Uno de los errores más dañinos es confundir pasado con identidad. Lo que viviste explica cosas, pero no define lo que puedes construir. Cuando el pasado se convierte en condena, la persona deja de intentar. Cuando se convierte en información, la persona ajusta, elige distinto y avanza.
La diferencia no está en lo que pasó,sino en qué haces hoy con eso. Obviamente, esto es parte de un proceso y como todo en la vida, tiene etapas. Hay tiempo para todo, para sufrir, echarse a morir, sanar y luego avanzar.
Aplicar el Método DCA al tiempo
Ahora vamos a aplicar el método que utilizamos en la escuela de mujeres con metas para lograr nuestros objetivos.
Dirección :Dejar de preguntarte ¿por qué me pasó esto? y empezar a preguntarte ¿quién quiero ser a partir de ahora?
Comunicación: Revisar cómo te hablas hoy sobre tu historia y definir como se habla esa mujer que quieres ser. Recuerda que la forma en que interpretas tu pasado sostiene o sabotea tu presente.
Acción: Tomar decisiones distintas, aunque sean pequeñas, para que creen evidencia nueva. Porque solo la acción cambia el tipo de pasado que tendrás mañana.
Así se construye un gran pasado para un gran futuro.
No decidir también tiene un precio.
El costo de la inacción es:
repetir patrones que ya duelen
seguir explicándote en vez de transformarte
mirar el futuro desde el mismo lugar
llegar a otro año más diciendo “otra vez lo mismo”
Ese es el verdadero costo: pagar una y otra vez por no elegir distinto.
Y lo más duro es que ese precio no lo cobra nadie más. Lo pagas tú, con tu tiempo, tu energía y tus posibilidades. Un gran futuro no necesita un gran pasado. Necesita un presente intervenido a tiempo.
Y si hoy te das cuenta de que no quieres seguir pagando el costo de no cambiar, ese puede ser el primer día de un pasado distinto. Ahí es donde empieza el verdadero trabajo.








Comentarios