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A veces no se trata de encontrarte, sino de recordarte

Actualizado: 28 ene



Muchas veces creemos que “nunca volveremos a ser como antes” porque cambiamos, pero en realidad el cerebro nos juega una mala pasada. Con el tiempo, dejamos de recordar lo que queríamos, lo que nos gustaba o lo que nos hacía sentido, y empezamos a recordar solo lo que aprendimos que era correcto, esperado o aceptado. No es que hayas perdido quién eras, es que tu mente se fue adaptando para encajar, incluso cuando eso implicó dejarte en segundo plano.


Con el paso del tiempo, muchas personas dejan de preguntarse quiénes son y empiezan a vivir desde otro lugar: desde lo que se espera, lo que corresponde, lo que “debería ser” a cierta edad, en cierta etapa, en cierto rol. Se olvidan de cómo son, porque recuerdan constantemente cómo deberían ser. Olvidan sus sueños, porque recuerdan las metas que la sociedad valida, especialmente para las mujeres. Olvidan que les gusta jugar, crear o probar, porque recuerdan cómo “se comporta” una persona adulta. Olvidan que son libres, porque solo recuerdan reglas, límites y exigencias.

No se olvidan de todo. Se olvidan de sí mismas.


Este olvido no ocurre en una sola etapa. Pasa a lo largo de toda la vida.

Siempre hay un molde nuevo:

  • cómo deberías ser en la adolescencia

  • cómo deberías vivir en la adultez

  • qué deberías tener a cierta edad

  • cómo deberías comportarte en una relación, en el trabajo, en la maternidad.


Encajar parece más seguro que escucharte. Y así, poco a poco, te adaptas. Pero algo adentro empieza a incomodar.


La incomodidad no es el problema, es una señal que se manifiesta de distintas formas:

  • una sensación corporal cuando haces algo que no quieres

  • pensamientos recurrentes que no se van

  • frustración profunda en todo lo que se hace


A veces es la frustración de “logré muchas cosas, pero no era esto lo que quería”. Otras veces, la frustración opuesta: “no logré nada, ni siquiera lo que no quería”.

En ambos casos, el mensaje es el mismo:hay una parte tuya que fue postergada.



Por eso las crisis son tan importantes. No porque sean agradables, sino porque interrumpen el piloto automático.

Te obligan a preguntarte:

  • ¿en qué parte del camino me perdí?

  • ¿en qué momento dejé mis sueños para después?

  • ¿cuándo empecé a vivir más para encajar que para ser coherente conmigo?


La crisis no crea el problema. Lo revela.



Recordarte y reconstruirte (no es una cosa u otra)

Esto no significa que no haya nada nuevo que construir. Claro que lo hay.

El trabajo personal no es solo encontrarte ni solo reinventarte. Es recordarte y reconstruirte.

Recordarte quién eres, qué te importa, qué deseas de verdad. Y desde ahí, reconstruir decisiones, hábitos, caminos y versiones de ti que estén alineadas con eso.

No es borrar tu historia. Es reconectar con tu esencia y elegir distinto hacia adelante.


Para cerrar, una pregunta honesta. Si hoy te detuvieras un momento,¿podrías identificar en qué parte del camino empezaste a vivir más desde el “deber ser” que desde el “quiero ser”?


Tal vez no se trata de encontrarte en algún lugar nuevo.Tal vez se trata de recordarte, y desde ahí, construir una vida que sí se sienta tuya. Porque muchas veces, lo que buscas afuera ha estado dentro de ti todo este tiempo.

 
 
 

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